El enfermo y la visión
0El enfermo y la visión
«¡Conque de tus recetas exquisitas, Un Enfermo exclamó, ninguna alcanza!…» El médico se fue sin esperanza, Contando por los dedos sus visitas. Así desengañado, Y creciendo por horas su dolencia, De este modo examina su conciencia: «En todos mis contratos he logrado, No lo niego, ganancia muy segura; Trabajé en calcular mis intereses: Aumenté mi caudal en pocos meses, Más por felicidad que por usura. (más…)
El cerdo, el carnero y la cabra
0El cerdo, el carnero y la cabra
Poco antes de morir el corderillo Lame alegre la mano y el cuchillo Que han de ser de su muerte el instrumento, Y es feliz hasta el último momento. Así, cuando es el mal inevitable, Es quien menos prevé más envidiable. Bien oportunamente mi memoria Me presenta al Lechón de cierta historia. Al mercado llevaba un carretero Un Marrano, una Cabra y un Carnero. Con perdón, el Cochino Clamaba sin cesar en el camino: «¡Ésta sí que es miseria! (más…)
El león, el tigre y el caminante
0El león, el tigre y el caminante
Entre sus fieras garras oprimía Un Tigre a un Caminante. A los tristes quejidos al instante Un León acudió: con bizarría Lucha, vence a la fiera, y lleva al hombre A su regia caverna. «Toma aliento, Le decía el León; nada te asombre; Soy tu libertador; estáme atento. ¿Habrá bestia sañuda y enemiga Que se atreva a mi fuerza incomparable? Tú puedes responder, o que lo diga Esa pintada fiera despreciable. Yo, yo solo, monarca poderoso; (más…)
La muerte
0La muerte
Pensaba en elegir la reina Muerte Un ministro de Estado: Le quería de suerte Que hiciese floreciente su reinado. «El Tabardillo, Gota, Pulmonía Y todas las demás enfermedades, Yo conozco, decía, Que tienen excelentes calidades. Mas ¿qué importa? La Peste, por ejemplo, Un ministro sería sin segundo; Pero ya por inútil la contemplo, Habiendo tanto médico en el mundo. Uno de éstos elijo… Mas no quiero, (más…)
Los cuatro lisiados
0Los cuatro lisiados
Un mudo a nativitate, y más sordo que una tapia, vino a tratar con un ciego cosas de poca importancia.
Hablaba el ciego por señas, 5 que para el mudo eran claras: mas hízole otras el mudo, y él a oscuras se quedaba.
En este apuro trajeron para que los ayudara 10 a un camarada de entrambos que era manco, por desgracia. (más…)
Una aventura de 1360
0UNA AVENTURA DE 1360
En las frondosas campiñas que con sus ondas serenas fecunda el Guadalquivir antes que en el mar se pierda, sentada está una ciudad que majestuosa ostenta lo atrevido de sus torres, lo antiguo de sus almenas. El río su bella imagen en su corriente refleja pasando enorgullecido por pasar tan junto a ella. (más…)
Un drama en los aires
0Un drama en los aires En el mes de septiembre de 185., llegué a Francfort. Mi paso por las principales ciudades de Alemania se había distinguido esplendorosamente por varias ascensiones aerostáticas; pero hasta aquel día ningún habitante de la confederación me había acompañado en mi barquilla, y las hermosas experiencias hechas en París por los señores Green, Eugene Godard y Poitevin no habían logrado decidir todavía a los serios alemanes a ensayar las rutas aéreas. Sin embargo, apenas se hubo difundido en Francfort la noticia de mi próxima ascensión, tres notables solicitaron el favor de partir conmigo. Dos días después debíamos elevarnos desde la plaza de la Comedia. Me ocupé, por tanto, de preparar inmediatamente mi globo. Era de seda preparada con gutapercha, sustancia inatacable por Más >
El gollete de botella
0El gollete de botella
En una tortuosa callejuela, entre varias míseras casuchas, se alzaba una de paredes entramadas, alta y desvencijada. Vivían en ella gente muy pobre; y lo más mísero de todo era la buhardilla, en cuya ventanuco colgaba, a la luz del sol, una vieja jaula abollada que ni siquiera tenía bebedero; en su lugar había un gollete de botella puesto del revés, tapado por debajo con un tapón de corcho y lleno de agua. Una vieja solterona estaba asomada al exterior; acababa de adornar con prímulas la jaula donde un diminuto pardillo saltaba de uno a otro palo cantando tan alegremente, que su voz resonaba a gran distancia. «¡Ay, bien puedes tú cantar! -exclamó el gollete. Bueno, no es que lo dijera como lo decimos nosotros, pues un casco de botella no puede hablar, pero lo pensó a Más >
Las flores
0Mayo
Las flores
A mis sobrinas Matilde y Margarita Esteban Valdés.
El día de la Ascensión habían comulgado por primera vez ocho niñas
del colegio de Santa Teresa, y con ellas habían tomado también la comunión
muchas de sus condiscípulas mayores y no pocas hermanas. No habían
asistido a la solemne misa más que los parientes de las educandas, a los
que se habían dado papeletas, y la presidenta del colegio, una
ilustre dama, buena y caritativa, que poseía una cuantiosa fortuna.
De aquellas ocho niñas, siete eran de familias acomodadas, únicamente (más…)