Leyendas y tradiciones
Leyendas y tradiciones de todo el mundo.
Nadadora sumergida
0Nadadora sumergida. Pequeño homenaje a un cronista de salones.
Yo he amado a dos mujeres que no me querían, y sin embargo no quise degollar a mi perro favorito. ¿No os parece, condesa, mi actitud una de las más puras que se pueden adoptar? Ahora sé lo que es despedirse para siempre. El abrazo diario tiene brisa de molusco. Este último abrazo de mi amor fue tan perfecto, que la gente cerró los balcones con sigilo. No me haga usted hablar, condesa. yo estoy enamorado de una mujer que tiene medio cuerpo en la nieve del Norte. Una mujer amiga de los perros y fundamentalmente enemiga mía. (más…)
Los ojos verdes
0Los ojos verdes Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma. Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tales cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día. I -Herido va el ciervo… herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas Más >
El capitán Montoya
0EL CAPITÁN MONTOYA Fragmentos
I LA CRUZ DEL OLIVAR
Muerta la lumbre solar iba la noche cerrando, y dos jinetes cruzando a caballo un olivar. Crujen sus largas espadas al trotar de los bridones y vense por los arzones las pistolas asomar. Calados anchos sombreros, en sendas capas ocultos, (más…)
La creación: poema indio
0La creación: Poema indio I Los aéreos picos del Himalaya se coronan de nieblas oscuras en cuyo seno hierve el rayo, y sobre las llanuras que se extienden a sus pies flotan nubes de ópalo, que derraman sobre las flores un rocío de perlas. Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto, y en la ribera aguarda su víctima el cocodrilo, verde como las hojas de las plantas acuáticas, que lo esconden a los ojos del viajero. En las selvas del Indostán hay árboles gigantescos, cuyas ramas ofrecen un pabellón al cansado peregrino, y otros cuya sombra letal lo llevan desde el sueño a la muerte. El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre un (más…)
A buen juez, mejor testigo
0A BUEN JUEZ, MEJOR TESTIGO Tradición de Toledo
I
Entre pardos nubarrones pasando la blanca luna con resplandor fugitivo, la baja tierra no alumbra. La brisa con frescas alas juguetona no murmura, y las veletas no giran entre la cruz y la cúpula. Tal vez un pálido rayo la opaca atmósfera cruza, y unas en otras las sombras (más…)
La ajorca de oro
0La ajorca de oro I Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo; hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que soñamos en los ángeles, que, sin embargo, es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra. Él la amaba; la amaba con ese amor que no conoce freno ni límites; la amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios; amor que se asemeja a la felicidad, y que, no obstante, parece infundir el cielo para la expiación de una culpa. Ella era caprichosa, caprichosa: y extravagante como todas las mujeres del mundo. Él, supersticioso, supersticioso y valiente, como todos los hombres de su época. Ella se llamaba María Antúnez. Él, Pedro Alfonso de Más >
Justicias del Rey don Pedro
0JUSTICIAS DEL REY DON PEDRO
I
Cuando su luz y su sombra mezclan la noche y la tarde, y los objetos se sumen en la sombra impenetrable, en un postigo excusado, que a una callejuela sale de una casa, cuya puerta principal da a la otra calle, dos hombres que se despiden se ven, aunque no se sabe n¡ cuál de los dos se queda ni cuál de los dos se parte. (más…)
Una aventura de 1360
0UNA AVENTURA DE 1360
En las frondosas campiñas que con sus ondas serenas fecunda el Guadalquivir antes que en el mar se pierda, sentada está una ciudad que majestuosa ostenta lo atrevido de sus torres, lo antiguo de sus almenas. El río su bella imagen en su corriente refleja pasando enorgullecido por pasar tan junto a ella. (más…)
La historia de la princesa Ethlinn
0LA HISTORIA DE LA PRINCESA ETHLINN
- su padre, Rey Balor y Cian y la venida de su hijo, Lugh
En este cuento popular los nombres de Balor y su hija Ethlinn (este último en la forma de “Ethnea”) han sido conservados, así como otros personajes míticos, pero el del padre de Lugh se refleja ligeramente en MacKineely; el propio nombre de Lugh es olvidado, y la muerte de Balor se presenta en una forma inconsistente con el mito antiguo. En la historia reescrita aquí los nombres antiguos y el contorno mítico se han mantenido, pero están complementados donde lo requiere el cuento popular, omitiendo del último esos rasgos modernos que no son reconciliables con el mito.
La historia trata de que Balor, el rey de los Fomori, había oído en una profecía Druídica que él sería asesinado por su nieto. Su Más >