Otras fabulas

La codicia

0

Érase una vez un perro viajero, que gustaba de la paz y huía del bullicio. Caminaba siempre solo y adoraba la naturaleza. Había empezado un largo viaje apenas tres días antes. Ahora la jornada se terminaba y la lluvia le había acompañado durante horas y horas. Llegó a una posada, rendido de cansancio y hambre; estaba empapado desde la cabeza a la punta del rabo. Con gesto de satisfacción se reclinó en el suelo, junto al fuego de la chimenea, y allí se durmió. En esto llegaron unos ladrones, quienes se pusieron a cantar y dar gritos. Despertaron a toda la posada, pero seguían metiendo bulla. A nuestro perro se le ocurrió una brillante idea. Con tranquilidad y resolución la puso en práctica. -¡Que mala suerte he tenido! ¡Mira que perder por el camino ocho monedas de oro! Soy tonto de remate Más >

La oveja negra

0

Érase una vez una ovejita que tenía un color distinto del de sus hermanas de rebaño, era negra. Por esta causa, ellas le despreciaban y hacían objeto de toda clase de faenas. Acostumbraban a darle mordiscos, patadas, y siempre procuraban ponerla en último lugar del rebaño. Cuando entraban en un prado a pastar, el rebaño entero intentaba que la ovejita negra no llegase a disfrutar de la más pequeña brizna de hierba. Era la suya una existencia terrible. Cansada ya de tantos desprecios, la ovejita negra se apartó del rebaño. Anduvo mucho tiempo por el bosque; al llegar la noche, se recostó, sin saberlo, sobre un montón de harina, por lo cual, al llegar el nuevo día, se había convertido en una oveja de color blanco inmaculado. Sorprendida, volvió a su rebaño, y sus compañeras la proclamaron Más >

Fábula del gato mendigo

0

Érase una vez un gato que vivía en una alquería muy grande; allí abundaban los ratones durante todo el año y él, rápido y buen cazador como era, estaba siempre bien surtido de comida. Un día se dio cuenta de que sus facultades físicas habían disminuido; ya no podía cazar ratones con la misma facilidad de antes, de modo que decidió convertirse en un gato mendigo. Al verle tan apacible y piadoso, todos los habitantes de la alquería empezaron a quererle y a confiar en él, excepto una vieja rata, que desconfiaba de su propia sombra. Esta empezó a hacerle faena tras faena. Un día estalló una disputa entre una liebre y un gorrión. Ambos se disputaban el privilegio de subirse a un tronco podrido. El gato mendigo, ni corto ni perezoso, les dijo: ¿Por qué os peleáis tanto? Dejad que yo arregle la Más >

  • Enlaza tu web gratis

  • EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
  • Publi

Ir arriba