Cuentos de Mexico
Cuentos tradicionales de Mexico
Lo útil y lo bello
0LO ÚTIL Y LO BELLO
UNA VEZ, en tiempos ya muy lejanos, dos familias de nuestros antepasados, mientras se paseaban por el campo, hallaron en él dos envoltorios.
Como todos eran parientes y amigos, cada una de las familias escogió en paz uno de ellos.
Cuando la primera familia abrió el envoltorio que le había tocado, encontró dentro de él una gran esmeralda. Arrobados se quedaron mirándola, porque la esmeralda era clara y brillante como el agua en el sol, y en su interior parecían moverse muchas cosas bonitas, como árboles y pájaros y gente que se veía tranquila y dichosa; también se veían allí mares y ríos y cielos con nubes y luces (más…)
El engaño del buen rey
0EL ENGAÑO DEL BUEN REY
HABÍA una vez un rey muy bueno, muy querido por su pueblo; todos lo querían porque él era igual a ellos, era su amigo y les enseñaba todas las cosas que sabía.
Así, aprendieron a ser felices trabajando, porque hacían toda clase de cosas buenas y bonitas, que a todos les gustaban. Pintaban, bordaban, hacían figuras de barro, de madera y de piedra; fabricaban joyas de oro y plata y piedras de colores; tejían lindas telas de algodón, cultivaban el maíz y otras plantas que les daban de comer.
Como ese rey era muy querido, vivía tan feliz que uno de los poderosos sintió tristeza por lo bien que le iba, lo envidió, y contra él su corazón se llenó de maldades.
Un día en que el rey amaneció un poco enfermo, el (más…)
La unión del pueblo
0LA UNIÓN DEL PUEBLO
HABÍA una vez un gobernante a quien el alma se le llenó de avaricia; tenía una caja ancha y maciza donde guardaba cosas que sólo él veía de cuando en cuando, y de las cuales a nadie convidaba.
Uno de los poderosos quiso castigarlo por eso, y un día se le presentó, y como si fuera a hacerle un favor, le dio a escoger entre dos cosas.
Ante él colocó un envoltorio de piedras brillantes que únicamente servían para ser guardadas, y un manojo de mazorcas blancas y amarillas donde los granos del maíz se apretaban en hileras unos contra otros.
Como el gobernante era avaro, escogió las piedras brillantes, las tomó y se retiró a verlas y contarlas antes (más…)
La primera pareja
0LA PRIMERA PAREJA
UN DÍA, los poderosos miraron hacia la tierra y se entristecieron porque la vieron hostil y desierta.
Entonces decidieron que hubiera en ella mucha gente que la poblara y la pusiera en paz, y con ese propósito formaron a un hombre y una mujer.
A él le enseñaron a labrar la tierra, a sembrar en ella, a cuidar las plantas que de allí crecieran y a cosechar los frutos de las plantas así cuidadas.
A ella le enseñaron a hilar y tejer, para que hubiera ropas bonitas y abrigadoras con que pudieran vestirse.
A los dos les mandaron a trabajar siempre, de modo que la tierra se apaciguara y hubiera abundancia en ella. (más…)
El nacimiento de la cultura
0HUBO una vez un buen rey que quiso alegrar a la gente de su pueblo.
Este rey era tolteca, es decir experto en todas las artes y oficios, y capaz de poner en las cosas que fabricaba eso que las personas mayores, la gente grande, llaman “belleza”, y que hace que las cosas bonitas sean más bonitas todavía.
Como era tolteca, este rey veía dentro del corazón de las cosas, y sabía decir lo que allí veía; decirlo no solamente con palabras, sino también con dibujos, con colores, con figuras de barro, de piedra o madera, con canciones.
Todo esto quiso enseñárselo a la gente de su pueblo, con el fin de que se alegrara y llevara una vida dichosa.
Entonces llamó a la gente y comenzó a enseñarle. (más…)
La conquista del maíz
0EN UNA ocasión, los poderosos estaban muy preocupados porque veían que las gentes no encontraban nada de comida que les gustara y les hiciera provecho.
Entonces escogieron a un hombre bueno y muy listo para que les consiguiera de comer, y le dieron fuerzas mágicas y el poder de convertirse en lo que él quisiera.
El hombre escogido se sentó en el campo a pensar en lo que haría, y al mirar al suelo advirtió una fila de hormigas rojas que se dirigían a su hormiguero.
Cada una de esas hormigas rojas llevaba en la boca un grano de maíz, que parecía alimenticio y sabroso.
Él, para enterarse de dónde los habían tomado, decidió hacerse amigo de las hormigas rojas, y para conseguirlo se convirtió en hormiga negra, y bajó a platicar con (más…)
El castigo de la vanidad
0HUBO una vez en que el sol y la luna quisieron descansar, y los dos se acostaron y se taparon la cara. Por eso, muy poca luz había sobre la tierra, y el cielo estaba como sin vida.
Y hubo entonces sobre la tierra un hombre hinchado de vanidad, que presumía de ser el más grande y alto de todos, y decía que él, por ser rico, estaba lleno de luz, y podía alumbrar como el sol y la luna. Y que podía aclarar los caminos de los demás hombres.
“Yo soy el sol y la luna —decía—; mis ojos relumbran de oro y azulean de joyas, mis dientes relucen azules de piedras preciosas, mis narices, como la luna, resplandecen de lejos en el cielo.”
Presumía también de ser rey y de tener para él un trono de oro, y de que todo se iluminaba cuando iba a (más…)
El hombre que habla
0HUBO un tiempo, hace mucho, en que los poderosos se sintieron solos. Cansados de estar nada más unos con otros, pensaron que necesitaban a alguien más con quién hablar, y que les dijera cómo los veía a ellos y cómo los quería y los respetaba.
Entonces los poderosos crearon a los animales; pero los animales solamente ladraban o maullaban o cacareaban o daban otros gritos que nada de lo que ellos querían oír decían a los poderosos.
Éstos, entonces, decidieron crear otros seres con quienes hablar y que les hablaran, y fabricaron unos hombres que eran como muñecos de madera o de lodo; como no podían hablar, éstos pronto se rompieron o se deshicieron. Entonces, finalmente, los poderosos hicieron a los hombres y las mujeres de carne y hueso tal como somos ahora.
Estos hombres y mujeres sí Más >
Los gigantes pesados
0Hubo un tiempo, hace mucho, en que la tierra estuvo poblada
por gigantes. Eran hombres muy fuertes, pero como
eran demasiado grandes, se movían con mucha dificultad.
Tenían que dormir de pie, pues pesaban tanto que si
se acostaban ya no podían levantarse, y se quedaban para
siempre pegados a la tierra.
Por eso, cuando en la mañana se encontraban unos
con otros, caminando después de despertar, se saludaban
diciendo: «No se caiga usted, porque si lo hace ya nunca
podrá levantarse.»
Así, los pobres gigantes no podían hacer otra cosa que (más…)