Cuentame un cuento
Cuentos contados, que quien cuenta cuentos mantiene la fantasia viva en aquellos que los escuchan y aprenden a amarlos.
Cuentos contados, que quien cuenta cuentos mantiene la fantasia viva en aquellos que los escuchan y aprenden a amarlos.
La bruja y la hermana del Sol En un país lejano hubo un zar y una zarina que tenían un hijo, llamado Iván, mudo desde su nacimiento. Un día, cuando ya había cumplido doce años, fue a ver a un palafrenero de su padre, al que tenía mucho cariño porque siempre le contaba cuentos maravillosos. Esta vez, el zarevich Iván quería oír un cuento; pero lo que oyó fue algo muy diferente de lo que esperaba. -Iván Zarevich -le dijo el palafrenero-, dentro de poco dará a luz tu madre una niña, y esta hermana tuya será una bruja espantosa que se comerá a tu padre, a tu madre y a todos los servidores de palacio. Si quieres librarte tú de tal desdicha, ve a pedir a tu padre su mejor caballo y márchate de aquí adonde el caballo te lleve. El zarevich Iván se fue corriendo a su pa...
Seguir leyendoEl raposo, la mujer y el gallo. Con las orejas gachas y la cola entre piernas, se llevaba un raposo un gallo de la aldea. Muchas gracias al alba, que pudo ver la fiesta, al salir de su casa, Juana la madruguera. Como una loca grita: «Vecinos, que le lleva; que es el mío, vecinos.» Oye el gallo las quejas, y le dice al raposo: «Dile que no nos mienta, que soy tuyo y muy tuyo.» Volviendo la cabeza, le responde el raposo: «Oyes, gran embustera, no es tuyo, sino mío; él mismo lo confiesa.» Mientras esto decía, el gallo libre vuela, y en la copa de un árbol canta que se las pela. El raposo burlado huyó; ¡quién lo creyera! Yo, pues a más de cuatro, muy zorros en sus tretas, por hablar a destiempo, los vi perder la presa.
Seguir leyendoEn una tortuosa callejuela, entre varias míseras casuchas, se alzaba una de paredes entramadas, alta y desvencijada. Vivían en ella gente muy pobre; y lo más mísero de todo era la buhardilla, en cuya ventanuco colgaba, a la luz del sol, una vieja jaula abollada que ni siquiera tenía bebedero; en su lugar había un gollete de botella puesto del revés, tapado por debajo con un tapón de corcho y lleno de agua. Una vieja solterona estaba asomada al exterior; acababa de adornar con prímulas la jaula donde un diminuto pardillo saltaba de uno a otro palo cantando tan alegremente, que su voz resonaba a gran distancia. «¡Ay, bien puedes tú cantar! -exclamó el gollete. Bueno, no es que lo dijera como lo decimos nosotros, pues un casco de botella no puede hablar, pero lo pensó a su...
Seguir leyendoSin duda alguna que se hubiera ahogado Un Lobo con un hueso atragantado, Si a la sazón no pasa una Cigüeña. El paciente la ve, hácela seña; Llega, y ejecutiva, Con su pico, jeringa primitiva, Cual diestro cirujano, Hizo la operación y quedó sano. Su salario pedía, Pero el ingrato Lobo respondía: «<Tu salario? Pues ¿qué más recompensa Que el no haberte causado leve ofensa, Y dejarte vivir para que cuentes Que pusiste tu vida entre mis dientes?» Marchó por evitar una desdicha, Sin decir tus ni mus, la susodicha. Haz bien, dice el proverbio castellano, Y no sepas a quién; pero es muy llano Que no tiene razón ni por asomo: Es menester saber a quién y cómo. El ejemplo siguiente Nos hará esta verda...
Seguir leyendoFara y el viejo cocodrilo Lo que voy a narraros sucedió en Madagascar. Érase una vez dos hermanas, Rapela y Fara, que gustaban de jugar a la orilla del río. Su madre, tan sólo de vez en cuando les daba permiso, pues muchos cocodrilos rondaban por aquellos parajes. Un día, tanto le suplicaron Rapela y Fara, que no supo la buena madre negarles el permiso y, accediendo a sus preces, así las amonestó: - Idos, pero guardaos de burlaros de Ikakinidriaholomamba. El viejo cocodrilo - añadió la madre - tiene muy mal talante y el peor de los genios; si os mofáis de él, os devorará. Las dos hermanitas prometieron obedecer, y fuéronse alegres para jugar con las piedras del río. Muy, pronto Ikakinidriaholomamba asomó entre los cañaverales para distraer su ocio con el...
Seguir leyendoEl gigante de nieve Una vez, un matrimonio de ricos comerciantes de Buenos Aires, resolvieron pasar los días del verano en un lugar fresco de la república y se trasladaron con sus hijos Pepito, Leopoldo y Manuel a las apartadas regiones del sur del país, donde junto a los maravillosos lagos cordilleranos, se goza en esos meses de una temperatura muy agradable. Tomaron el tren en la capital y después de un viaje encantador cruzando hermosas poblaciones hasta llegar a la ciudad de Bahía Blanca, entraron en la extensa Patagonia en donde los niños, desde las ventanas del vagón, pudieron admirar las majadas que en esas tierras se cuentan por millones, los caudalosos ríos poblados de cisnes, patos y otras aves acuáticas, las grandes llanuras sembradas de trigo, lino, a...
Seguir leyendoDos pisones ¿Has visto alguna vez un pisón? Me refiero a esta herramienta que sirve para apisonar el pavimento de las calles. Es de madera todo él, ancho por debajo y reforzado con aros de hierro; de arriba estrecho, con un palo que lo atraviesa, y que son los brazos. En el cobertizo de las herramientas había dos pisonas, junto con palas, cubos y carretillas; había llegado a sus oídos el rumor de que las «pisonas» no se llamarían en adelante así, sino «apisonadoras», vocablo que, en la jerga de los picapedreros, es el término más nuevo y apropiado para, designar lo que antaño llamaban pisonas. Ahora bien; entre nosotros, los seres humanos, hay lo que llamamos «mujeres emancipadas», entre las cuales se cuentan directoras de colegios, comadronas, bailarinas - que por...
Seguir leyendoEl intrépido soldadito de plomo Éranse una vez veinticinco soldados de plomo, todos hermanos, pues los habían fundido de una misma cuchara vieja. Llevaban el fusil al hombro y miraban de frente; el uniforme era precioso, rojo y azul. La primera palabra que escucharon en cuanto se levantó la tapa de la caja que los contenía fue: «¡Soldados de plomo!». La pronunció un chiquillo, dando una gran palmada. Eran el regalo de su cumpleaños, y los alineó sobre la mesa. Todos eran exactamente iguales, excepto uno, que se distinguía un poquito de los demás: le faltaba una pierna, pues había sido fundido el último, y el plomo no bastaba. Pero con una pierna, se sostenía tan firme como los otros con dos, y de él precisamente vamos a hablar aquí. En la mesa donde los colocaron hab...
Seguir leyendoLa hija del rey del pantano Las cigüeñas cuentan muchísimas leyendas a sus pequeños, y todas ellas suceden en el pantano o el cenagal. Generalmente son historias adaptadas a su edad y a la capacidad de su inteligencia. Las crías más pequeñas se extasían cuando se les dice: «¡Cribel, crabel, plurremurre!». Lo encuentran divertidísimo, pero las que son algo mayores reclaman cuentos más enjundiosos, y sobre todo les gusta oír historias de la familia. De las dos leyendas más largas y antiguas que se han conservado en el reino de las cigüeñas, todos conocemos una, la de Moisés, que, abandonado en las aguas del Nilo por su madre, fue encontrado por la hija del faraón. Diósele una buena educación y llegó a ser un gran personaje, aunque nadie conoce el lugar de su sepul...
Seguir leyendoJORINDE Y JORINGEL Érase una vez un viejo palacio en medio de un gran y espeso bosque, y dentro del palacio vivía completamente sola una vieja mujer que era una bruja muy bruja. De día se convertía en un gato o en un búho y por la noche volvía a recuperar su verdadera figura humana. Sabía atraer a los animales salvajes y a los pájaros, y luego los mataba y los cocía o los asaba. Cuando alguien se acercaba a cien pasos del palacio tenía que detenerse y no se podía mo-ver del sitio hasta que ella le soltaba; en cambio, si una inocente doncella entraba en ese círculo, la transformaba en un pájaro y luego la encerraba en una cesta en los cuartos del palacio. Tenía en el palacio sus buenas siete mil cestas con tan singulares pájaros. Había una vez una doncella que se llam...
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